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Resumen
Descripción
Amenazas
Soluciones
Conclusiones
Referencias

 

 

 

Yacambú se considera un parque amenazado, lo cual indica que requiere soluciones urgentes, a fin de que el parque pueda garantizar la protección y el mantenimiento de la diversidad biológica en el futuro próximo así como la producción de agua para el embalse. La actual clasificación representa un descenso en su estatus de conservación, ya que hace dos años se clasificó como vulnerable. Las invasiones humanas representan la mayor amenaza en el presente, las cuales a su vez generan otras amenazas como la cacería furtiva, los incendios forestales y la extracción de madera. La insuficiencia de infraestructura y personal y la escasa señalización agravan la situación. 

 

Amenazas Actuales

 

* Carencia de personal y de equipo
* Carencia de infraestructura adecuada
* Invasiones humanas  
* Falta de señalización
* Cacería ilegal
* Incendios forestales
* Tala y extracción de madera

 

Carencia de personal y de equipo

 

Las 26.916 ha del parque Yacambú son protegidas por siete guardaparques que laboran por turnos en una sola estación de vigilancia. Existe otra instalación para los guardaparques, la cual estaba siendo reacondicionada para convertirla en un centro de información para el momento de nuestra primera visita, sin embargo, aún permanece abandonada. Las labores de vigilancia se ven severamente afectadas por la concentración de casi todos los guardaparques en una sola área. De igual manera, la carencia de vehículos de transporte limita la vigilancia y la captura de los infractores de la ley. El parque no cuenta con un transporte oficial que pueda ser usado por los guardaparques para hacer recorridos y acceder a las zonas más alejadas. A pesar de la reciente ampliación del parque, no se ha contratado nuevo personal ni se han construido nuevas instalaciones de vigilancia. A lo anteriormente dicho hay que añadir la desmotivación del personal actual debido a la crisis presupuestaria de INPARQUES, la cual ha impedido cancelar los salarios y otras obligaciones laborales debidamente.

 

Carencia de infraestructura adecuada

 

A pesar de la reciente ampliación del parque, no se ha contratado nuevo personal ni se han construido nuevas instalaciones de vigilancia. Se requieren unos cinco puestos de guardaparques más, ubicados en sectores clave, que permitan monitorear el parque eficientemente. En opinión de un guardaparques, que trabaja en Yacambú desde hace 18 años, estos puestos de guardaparques deberían estar ubicados en los sectores Volcancito, Paso Higuerones en Cubiro, Moreco, Portal de Entrada y Cerro Negro. Varios de estos sectores han sufrido invasiones humanas recientemente, así como quemas, en parte debido a la ausencia de personal de INPARQUES que garantice la seguridad.

 

En 2001 las instalaciones de la zona de servicios y recreativa El Blanquito fueron reconstruidas con presupuesto proveniente de la Sobremarcha Ecológica, un programa liderado por el Ministerio del Ambiente que invirtió más de 60 millones de Bolívares (US $ 67.797 para 2001) en Yacambú. Fueron reconstruidas las instalaciones del nuevo Centro de Formación de Guardaparques y se incrementó su capacidad para albergar a unas 30 personas más. Se planeaba incluso construir una sala de conferencias. Los quioscos alrededor de la laguna El Blanquito también fueron reacondicionados para incrementar las comodidades para los visitantes. A pesar de toda esta inversión, durante nuestra segunda evaluación notamos que gran parte de las remodelaciones se encuentran gravemente deterioradas por falta de mantenimiento. La zona recreativa alrededor de la laguna se encuentra prácticamente abandonada y los nuevos kioscos deteriorados. La sala de conferencias cuenta apenas con el espacio físico, sin muebles ni equipos. El puesto de guardaparques, que se debió haber remodelado hace dos años, sigue en las mismas condiciones paupérrimas.

 

                       

               La antigua estación de guardaparques en El Blanquito aú permanence en pésimas

                    c   ondiciones  (foto: César Aponte durante la primera visita en 2001)

 

Invasiones humanas

 

Las invasiones en Yacambú se han acentuado dramáticamente en los últimos 3 años. Los ocupantes manifiestan derechos habitacionales y a ejercer actividades agrícolas y sobre las tierras. Las invasiones parecieran no ser un hecho espontáneo sino que aparentemente son promovidas y organizadas por  grupos con intereses políticos en la región.

 

En Yacambú, unas 60 familias han invadido más de 200 ha en los sectores Cerro Cojón, Guayabal y Volcancito. Un guardaparques nos confirmó que muchas de estas personas eran antiguos habitantes del parque que habían sido reubicados hace diez años atrás y habían recibido una compensación por el valor de sus tierras. En su opinión, la intención de estos invasores es cobrar de nuevo una indemnización del estado.

 

A lo largo de la carretera que conduce al embalse, ParksWatch presenció 25 conucos y pequeñas plantaciones de hasta 5 ha dentro del parque, la mayoría de ellas con construcciones recientes. Los agricultores siembran principalmente café, maíz y hortalizas, pero debido al descenso en los precios internacionales del café, los conucos se dedican mayoritariamente a las hortalizas. El cultivo de hortalizas requiere el uso de agroquímicos dañinos para el ambiente y la deforestación de un área mayor dentro del parque. Otra de las consecuencias directas de las invasiones es el fuego (ver la sección Incendios forestales). Los incendios forestales se han incrementado notablemente en los últimos dos años.

 

                   

      La contaminación con agroquímicos y la pérdida de la cobertura vegetal son solo

       dos de las consecuencias destructivas de las invasiones (Fotos: César Aponte)

 
Los antiguos habitantes del parque aún mantienen un resentimiento contra INPARQUES, pues al parecer, las medidas de reubicación no fueron justas. Según un habitante de la comunidad de Chamiza y antiguo habitante del parque, las parcelas otorgadas durante la reubicación no son totalmente aprovechables para el cultivo de café. En sus nuevas tierras existen muchos problemas con el agua y esto incluye a los pueblos próximos al parque. Hace dos años Parkswatch alertaba acerca del descontento de las personas reubicadas como una amenaza potencial para nuevas invasiones. Tristemente, hoy en día tenemos que decir que las invasiones se han incrementado al punto de representar, junto con los incendios, el principal problema del parque.

 

Por otra parte, las invasiones también se han incrementado en los alrededores del embalse Yacambú, dentro y fuera del parque, ya que los campesinos se han enterado de que serán desalojados y económicamente compensados luego de la finalización de la obra.

 

            

   Las invasiones humanas y plantaciones dentro del parque se han incrementado en Yacambú,

destruyendo mucha de la vegetación boscosa que provee de agua al embalse (Fotos: César Aponte)

 

Uno de los invasores entrevistado por Parkswatch manifestó tener derechos de propiedad sobre las tierras ocupadas, las cuales no le fueron debidamente canceladas y acusaba al personal antiguo de INPARQUES de estafas cometidas en su contra hace más de 15 años. Al intentar constatar la información, los funcionarios de INPARQUES nos informaron que al ciudadano en cuestión ya se le habían cancelado sus derechos hace unos 10 años.

 

La mayoría de los entrevistados manifestó conocer los problemas que causan, tanto al bosque como a las aguas del embalse, sin embargo exigieron solución a su situación. El principal obstáculo para resolver el problema de las invasiones, es que INPARQUES no tiene capacidad de atender las demandas de los invasores, quienes ofrecen irse, siempre y cuando les otorguen tierras adecuadas en otra zona.

 

La permanencia de los invasores así como las actividades que realizan, representan una violación a la Ley Penal del Ambiente. Además, la deforestación, los incendios, el consecuente incremento de la erosión, y la contaminación de los suelos, amenazan con destruir el bosque y su capacidad para producir agua, poniendo en riesgo la funcionalidad del embalse Maria Ochoa Pilé, una inversión multimillonaria del Estado Venezolano que garantizará el abastecimiento de agua para el desarrollo agrícola y urbano de la región.

 

Falta de señalización

 

Durante la primera evaluación de Yacambú, ParksWatch observó solo una señal indicando la presencia del parque. Este aviso que fue financiado por la alcaldía, fue retirado por las autoridades de INPARQUES debido a que su diseño no cumplía con las normativas existentes. Durante el mes de junio de 2001 se comenzó a colocar nueva señalización y se esperaba cubrir todo el parque a finales de ese año. Sin embargo, esto nunca ocurrió y los avisos aún siguen sin colocarse. En algunos sectores donde el límite del parque está definido por una fila montañosa o algún accidente geográfico, es fácil reconocerlos; pero en general, los límites del parque son imprecisos y no están bien señalizados. Aunque la nueva zona de expansión del parque está cartografiada y el mapa que las incluye ya está publicado, esta zona no ha sido señalizada. El área de expansión está rodeada de zonas altamente intervenidas y con granjas y poblados, por lo que podrían presentarse problemas con los pobladores no acostumbrados a los nuevos límites. La situación con la señalización se hace más grave por la falta de presupuesto.

 

    
                          A pesar de la falta de presupuesto, los letreros donados por la alcaldía fueron removidos hace dos  

                                                      años y aún siguen inutilizados (Fotos: César Aponte)
                   

 

 

      
         Los frondosos bosques de la ampliación están rodeados de zonas agrícolas y pueblos, quienes no están al tanto de los

        nuevos límites del parque. Los límites se diseñaron para excluir las zonas actualmente cultivadas (Fotos: César Aponte)

                     

 

Cacería ilegal

 

La cacería ilegal dentro de Yacambú es, junto con los incendios y las invasiones, uno de los problemas más serios del parque. Para nuestra primera evaluación hace dos años, la cacería era importante, pero con el incremento de las invasiones la situación ha empeorado, ya que los cazadores provienen principalmente de los pueblos aledaños y de las zonas invadidas dentro del parque. Según la opinión de investigadores que realizan recorridos frecuentes dentro del parque, es común encontrar trampas automáticas, incluso accionadas por armas de fuego, usadas para cazar mamíferos y aves. La mayoría de las veces los cazadores no son castigados, y la administración del parque pareciera no tomar en cuenta el problema. Al parecer la cacería es principalmente con fines de subsistencia. En opinión de los guardaparques, las principales presas de cacería son la lapa (Agouti paca), el venado (Odocoileus virginianus) y el báquiro (Tayassu tajacu). Se desconocen la magnitud de la cacería y el impacto que ésta tiene sobre las poblaciones animales del parque.

 

Según un guardaparques, los procedimientos legales más frecuentes en el parque son aquellos relacionados con quemas y cacería ilegal. En su opinión, estos procedimientos legales de carácter administrativo son muy lentos y no representan un castigo a los infractores. Opina además que estos procedimientos deberían ser sustituidos por medidas judiciales que impliquen arrestos y pago de multas, tal como lo especifica la Ley Penal del Ambiente. Para poder implementar estas medidas judiciales es necesario contar con un mayor apoyo de la Guardia Nacional, un cuerpo policial de las Fuerzas Armadas que se encarga de la Guardería Ambiental en Venezuela. Una buena noticia respecto a la Guardia Nacional, es que pudimos observar un incremento del interés en colaborar con las autoridades de INPARQUES respecto a nuestra primera evaluación.

 

Incendios forestales

 

Los incendios forestales representan otra gran amenaza para el Parque Nacional Yacambú. A pesar de que por su altitud, humedad y la entonces poca presencia humana, Yacambú fue poco afectado por los fuegos que azotaron Venezuela durante las graves sequías del 2001; lo cierto es que en nuestra segunda evaluación notamos que el fuego había destrozado enormes cantidades de bosque en lugares que normalmente no se quemaban. En 2001 apenas unas 50 ha de bosque fueron destruidas por el fuego, mientras que en la temporada 2002-2003 se registraron 29 incendios dentro y alrededor del parque, que destruyeron 490 ha de vegetación, de las cuales el  137 ha (27%) eran bosques de galería (MARN 2003).

 

Esta diferencia se debe al incremento en la presencia humana dentro del parque. El fuego se origina en las zonas invadidas cuando los campesinos queman y talan para sembrar, creando incendios que después no pueden controlar. Durante nuestra visita mas reciente pudimos observar los estragos del fuego en las cercanías de la carretera que conduce a la represa, así como alrededor de cada uno de los 25 sembradíos que detectamos durante el recorrido.

 

En la fila montañosa al sur del parque también se observan varios parches de bosque quemado cercanos a las zonas invadidas.

 

La carencia de un grupo de bomberos forestales o de un campamento contra incendios disminuye la capacidad de INPARQUES de sofocar los fuegos rápidamente. El campamento contra incendios más cercano se encuentra en El Tocuyo, un pueblo localizado a 35 km de la entrada del parque. En 1995, INPARQUES firmó un convenio con el Banco Mundial y recibió $ 55 millones para el mejoramiento del Sistema de Parques Nacionales. Entre otras cosas este proyecto incluía la creación de campamentos contra incendios forestales en varios parques, sin embargo el Parque Nacional Yacambú no fue incluido entre los parques beneficiados.

 

             

    Pueblo de Chamiza. La zona del parque quemada con más frecuencia es el borde con el pueblo de Chamiza, en

 la fila montañosa al fondo de la imagen (Foto: César Aponte, tomada durante la primera visita a Yacambú en 2001)

 

Tala y extracción de madera

 

A pesar de no ser extensivas ni con fines comerciales, la tala y la extracción de madera del parque son prácticas comunes entre los habitantes de comunidades cercanas. En los alrededores de la "fumarola," la extracción de palmas de macanilla (Socratea exorrhiza) para usarla en construcción de viviendas y en artesanía, es común. Igualmente en los sectores Guayabal y La Escalera, los invasores del parque suelen talar para usar la madera en la construcción de casas. Al igual que en el caso del fuego, este problema se ha acrecentado con las invasiones recientes.

 

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