Información general
Resumen
Descripción
Amenazas
Soluciones
Conclusiones
Referencias

 

 

 

El Parque Nacional Canaima comprende grandes extensiones de ecosistemas que han sido poco perturbados por la acción humana. Contiene paisajes de excepcional belleza y una flora y fauna única en el mundo, con un gran potencial para la investigación, la recreación y la educación ambiental. Entre las fortalezas de la administración se encuentra su equipo de trabajo, pequeño pero comprometido con el manejo y que cuenta con un plan de ordenamiento y reglamento de uso. La gestión del parque ha sido apoyada por diversas organizaciones e instituciones y actualmente está buscando avanzar en el desarrollo de modelos de cogestión. No obstante, existen una serie de amenazas que ponen en riesgo la protección de la diversidad biológica en el mediano plazo, siendo las más importantes:

 

 Turismo no regulado

Incendios

Crecimiento demográfico

Infraestructura incompatible con el paisaje y los valores culturales

Personal insuficiente y falta de infraestructura

Desarrollos hidroeléctricos

Conflictos de manejo con las comunidades indígenas

 

         
La construcción del tendido elétrico hacia Brasil causó un impacto sobre el ambiente y las comunidades (foto © Rodolfo Castillo)

 

Turismo no regulado

 

El ingreso al Sector Oriental de Canaima se realiza principalmente por la carretera Troncal 10, vía que es utilizada tanto por visitantes como por habitantes del área protegida o de las poblaciones adyacentes. El flujo de turistas suele ser bastante elevado en las temporadas vacacionales de Agosto, Diciembre y la Semana Santa, aunque no existe un registro preciso del número de visitantes en todas las áreas recreativas, ni una tarifa de entrada en ninguna de ellas en la actualidad. En lugares como Paraitepui de Roraima, el Centro de Visitantes de Luepa y en Quebrada de Jaspe, se llevan registros de visitantes. En el caso de Roraima alcanza las 3.000 personas al año y en Quebrada de Jaspe puede llegar a 4.000 personas únicamente en la Semana Santa. Este flujo elevado conlleva a la generación de grandes cantidades de residuos sólidos que suele exceder la capacidad del servicio de aseo y recolección prestado por el Municipio Gran Sabana.

 

En el caso del tepui de Roraima, el pisoteo constante por la presencia de excursionistas ha causado daños en la vegetación del ecosistema tepuyano. Este problema es crítico en las inmediaciones de los llamados "Hoteles," que son los sitios utilizados por los excursionistas para acampar. Se ha observado acumulación de residuos sólidos en los lugares más frecuentados de la cumbre del tepui (Los Hoteles, El Carro, La Ventana, Los Jacuzzis) así como en la ruta de ascenso. De igual forma el uso de jabones, detergentes y champú degrada la calidad de las aguas y de los suelos (Pérez 2003). Por estas razones, entre los años 1995 y 1996, Inparques tomó la decisión de cerrar dicho tepui para los excursionistas, con la finalidad de lograr la recuperación de los ecosistemas altotepuyanos del Roraima. Dicha medida no fue bien recibida por algunos de los habitantes de la comunidad vecina de Kumarakapai (dependientes en buena medida de los ingresos económicos generados por el turismo) quienes incendiaron el puesto de guardaparques ubicado en la entrada de la carretera de acceso a Paraitepui de Roraima.

 

Otro de los problemas causado por los visitantes es el uso de vías o caminos no autorizados. Este es realizado principalmente por vehículos "rústicos" de doble tracción, que suelen crear nuevos caminos a través de la sabana por diferentes motivos: 1) Porque el camino principal se encuentra lleno de lodo, 2) por acceder con comodidad a ciertas áreas, y 3) en otros casos por poner a prueba los vehículos en los distintos terrenos no intervenidos, modalidad conocida popularmente como "rustiquear." La principal consecuencia es la pérdida de capa vegetal y la erosión de los suelos, con la consecuente degradación del paisaje.

 

       
La apertura de caminos no autorizados es un problema constante (foto © Rodolfo Castillo)

 

Otra problema generado por los turistas es la extracción ilegal de ciertos minerales a los cuales pueden tener acceso en las áreas recreativas o rutas de excursión. La extracción de cuarzo de la cima el Roraima, en un lugar conocido como "Valle de los Cristales," ha sido extensa. A pesar de los rigurosos controles existentes, todavía algunos turistas se llevan como "recuerdo" alguna muestra de estas rocas, las cuales son decomisadas cuando se realizan las inspecciones rutinarias al equipo de los excursionistas. En el afloramiento de roca volcánica de Quebrada de Jaspe también se han presentado casos de extracción por parte de los visitantes.

 

Incendios

 

En la temporada de sequía ocurren numerosos incendios de vegetación que son de origen humano. Estos se debe principalmente a que los miembros de la etnia Pemón realizan quemas periódicas con los fines de preparar el conuco, para la cacería, limpieza de caminos, alejar y espantar animales peligrosos, para la comunicación, para la limpieza y mantenimiento de las sabanas con la finalidad de prevenir incendios de mayores magnitudes (Rodríguez 2004).

 

El primer gran incendio del cual se tenga registro data del año 1926, el cual es conocido como "la gran humareda." Para el año de 1940 ocurrió un incendio de dimensiones similares y en 1979 hubo otro gran incendio que afectó a los sectores de Luepa, Parupa y Kavanayén. Después de la implementación del Programa "Control de Incendios de Vegetación en la Cuenca Alta el Río Caroní" por parte de la empresa CVG - Edelca, se ha logrado disminuir la frecuencia y extensión de este fenómeno. Para el año 2004 se vieron afectadas 1.985,5 ha del parque, de las cuales 1.594,25 ha correspondieron a sabanas, y 5,25 ha correspondieron a bosques primarios (CVG - Edelca 2004b).

 

Crecimiento demográfico

 

Para el año 1982 la población indígena dentro de todo el Parque Nacional Canaima (incluyendo ambos sectores) era de 5.537 habitantes, para el 1992 era de 8.094 (OCEI 1994) y aunque aún no se disponen de las cifras definitivas del Censo Indígena del 2002, se estima una población de 11.836 habitantes (Medina com pers 2004). El aprovechamiento de los recursos naturales del parque abarca las actividades agrícolas (mediante la técnica del conuco), la pesca, la caza y la recolección. El continuo aumento de la población y el cambio en el patrón de asentamiento ha incrementado la presión sobre el uso y aprovechamiento de los diversos recursos naturales.

 

Una consecuencia de la concentración de la población indígena en las distintas comunidades es que también se concentra la agricultura de conucos en las cercanías. En la comunidad de Kavanayén, donde la agricultura se concentró en el valle del Pakairao y en consecuencia los suelos perdieron su fertilidad, la actividad agrícola tuvo que ser trasladada a otro sector.

 

Se ha estimado en 1.080 km2 el área de agricultura de conucos en la cuenca alta del Río Caroní, incluyendo las áreas que están fuera del Parque Nacional Canaima (CVG - Edelca 2004a). Normalmente cada conuco mide alrededor de media hectárea, en las que siembran principalmente diversas variedades de yuca amarga, de la cual se derivan sus alimentos principales como son el casabe y el mañoco, así como dos bebidas fermentadas llamadas cachiri y parakari. Otras fuentes alimenticias cultivadas son el ají, el mapuey, el ocumo, la batata, el cambur, la piña y el plátano.

 

Las fuentes de proteína animal la constituyen el pescado, del cual se aprovechan unas 24 especies, y algunos mamíferos, aunque no es una actividad muy frecuente debido a que no son muy abundantes los animales de gran tamaño. Las especies cazadas son la lapa (Agouti paca), el báquiro (Tayassu tajacu y Tayassu pecari) y la danta (Tapirus terrestris). No existe evidencia científica de que la cacería o la pesca estén afectando las poblaciones de las diversas especies de fauna, no obstante, los indígenas manifiestan que han observado una reducción en las especies cazadas debido a que actualmente se les hace difícil conseguir sus presas.

 

Recursos no maderables como las hojas de la palma moriche (Mauritia flexuosa) han sido utilizadas tradicionalmente por las comunidades indígenas para la construcción de los techos de las viviendas. El crecimiento de la población ha incrementado la demanda de este recurso, por lo que en ciertas formaciones de morichales se observa una extracción excesiva de las hojas de esta planta.

 

La actividad turística también ha generado un incremento en la explotación de ciertos recursos para la fabricación de artesanías fabricadas por los indígenas, como es el caso de la roca volcánica de jaspe y del caolín, un tipo de arcilla blanca muy pura.

 

Infraestructura incompatible con el paisaje y los valores culturales

 

El Instituto Nacional de Parques ha venido manejando desde hace varios años el concepto de construcciones que armonicen con el ambiente. En el caso del Parque Nacional Canaima abarca no solo la infraestructura levantada por este Instituto, sino también las construcciones realizadas por los miembros de las comunidades indígenas. En muchos casos, las construcciones más recientes siguen el patrón típico y tradicional de la etnia Pemón, cuya vivienda está hecha con paredes de bahareque o corteza de árbol, que sostienen un techo cubierto de hojas de palma, generalmente de la palma moriche. En el caso particular de la comunidad de Kavanayén se ha impuesto un estilo de construcción con piedra que fue introducido por los misioneros pero que se ha convertido en tradicional de esa comunidad.

 

                
Nuevas construcciones han introducido elementos arquitectónicos foráneos (foto © Rodolfo Castillo)

 

A pesar de esta política institucional de Inparques, se han presentado numerosos casos de tipologías arquitectónicas foráneas que han sido introducidas en las áreas recreativas, o de infraestructura que tiene poca armonía con el ambiente y que tiene un impacto visual negativo por disminuir la calidad del paisaje, así como el empleo de materiales no tradicionales como la madera y el zinc. Si bien éstas construcciones tienen el mérito de aportar facilidades y servicios para los visitantes, o dotar de viviendas a los habitantes, es necesario ajustarlas a ciertas normas arquitectónicas que armonicen con el paisaje y preserven los valores culturales de los Pemón.

 

La mayor trasgresión contra el paisaje la constituyó la construcción del tendido eléctrico de 200 KW hacia Brasil, el cual atraviesa la Gran Sabana de norte a sur, afectando sectores ubicados en las adyacencias de los linderos del parque, principalmente en la zona que limita con el Monumento Natural de la Cadena de Tepuyes Orientales. Este tendido también afectó a otras áreas bajo régimen de administración especial cercanas, como son la Reserva Forestal de Imataca hacia el norte, y la Zona Protectora del Sur del Estado Bolívar hacia el sur. Muchas fueron las protestas tanto de los grupos ambientalistas de diversas partes del país como de las comunidades indígenas Pemón, quienes vieron violentadas las tierras que ancestral y tradicionalmente les han pertenecido, pero la línea fue finalmente inaugurada. Además de los daños al paisaje, otro de los argumentos en contra del tendido es que favorecerá el desarrollo de la minería legal e ilegal del oro al sur del parque nacional, que es particularmente intensa a lo largo del Río Icabarú y al norte de Santa Elena de Uairén, siguiendo el curso del Río Kukenán. Los ambientalistas consideran que con el nuevo tendido se podrá dotar del servicio de electricidad a diversos pueblos o asentamientos mineros, contribuyendo con su consolidación. 

 

   
El paisaje de la Gran Sabana se ha visto afectado por el tendido eléctrico (foto © Rodolfo Castillo)

 

Personal insuficiente y falta de infraestructura

 

Actualmente, el personal de Inparques del Sector Oriental está conformado por dos técnicos, que incluyen al Jefe de Sector y Asistente, así como por cinco guardaparques, quienes son los encargados de ejercer las múltiples funciones relacionadas con la administración y manejo de una extensa área que abarca 1.086.250 ha. El personal de guardaparques se ha distribuido de manera que puedan vigilar y controlar los sitios de mayor afluencia de visitantes, como lo son Paraitepui de Roraima, Quebrada de Jaspe (dos guardaparques), Iboribó y Quebrada Pacheco. No obstante, el puesto de guardaparques de Quebrada Pacheco no está operativo porque la edificación está siendo reclamado por la comunidad de Kumarakapai (que está ubicada a pocos kilómetros de Quebrada Pacheco), quienes alegan tener la propiedad de la infraestructura y han amenazado con destruirlo si no se les transfiere; en consecuencia el guardaparques tuvo que ser reubicado en las oficinas de San Ignacio de Yuruaní.

 

Las instalaciones del Centro Administrativo Aponguao en Luepa, así como las oficinas ubicadas en San Ignacio de Yuruaní se encuentran en buenas condiciones, pero en el caso de Quebrada de Jaspe, el centro de visitantes fue destruido por la lluvia. En cuanto a los puestos de guardaparques, estas son construcciones de menores dimensiones, que en el caso de Paraitepui de Roraima quizás requiere de una ampliación. Hay que destacar que el área recreativa de Iboribó posee personal pero no tiene infraestructura, y la edificación que existía en la entrada de Kumarakapai fue incendiada por esta comunidad.

 

Amenazas futuras

 

Desarrollos hidroeléctricos

 

Está proyectada la construcción de nuevos embalses para la generación de hidroelectricidad en diversos puntos del Río Caroní, que en conjunto aportarían una potencia nominal de 6.100 MW. Los sitios de aprovechamiento identificados son Tayucay, Aripichí y Eutobarima (CVG - Edelca 2004a), los cuales se encuentran en los límites occidentales y meridionales del Parque Nacional Canaima. Hay que prever que el desarrollo de estas nuevas plantas hidroeléctricas va a generar impactos sobre el ambiente tales como pérdida de cobertura vegetal por el llenado del vaso del embalse y desplazamiento de la fauna entre otros. Por ello será necesario tomar medidas para su prevención y/o mitigación, de la misma manera como se realizó con la construcción de los desarrollos del bajo Caroní como Guri y Caruachi, donde se realizaron actividades como operación de rescate de fauna y reinserción y monitoreo de especies.

 

Conflictos de manejo con las comunidades indígenas

 

Con la aprobación de la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (República Bolivariana de Venezuela 1999) se consagra el derecho a la propiedad colectiva de la tierra que ancestral y tradicionalmente han ocupado los pueblos y comunidades indígenas. Esto ha dado inicio a un proceso de demarcación del hábitat y las tierras, que actualmente se está realizando en el Parque Nacional Canaima con la etnia Pemón. La demarcación ha sido percibida por las comunidades como un problema que debe resolverse en lo inmediato, aunque este reconocimiento de la propiedad podría tener otras consecuencias posteriores en el manejo del área protegida. La principal de ellas tiene que ver con el derecho de los indígenas a la información y consulta previa sobre cualquier proyecto de aprovechamiento de recursos que el Estado Venezolano pretenda realizar en sus tierras. Lo anterior podría generar conflictos de tenencia y manejo, por lo que cualquier desarrollo que requiera realizar Inparques entonces tendría que tener la aprobación de las comunidades, o incluso las comunidades podrían exigir el recibir beneficios económicos derivados de la actividad de aprovechamiento.

 

A lo anterior se suma el hecho de que las comunidades demandan recibir los ingresos por concepto de entrada de visitantes (en el caso de que se restablezca), y que dichos ingresos sean administrados por ellos. En otros casos se han presentado disputas sobre la propiedad de unas edificaciones de Inparques ubicadas en Quebrada Pacheco, que la comunidad de Kumarakapai reclama como suyas.

 

                 
Módulo de INPARQUES sobre el cual la comunidad de Kumarakapai alega tener la propiedad (foto © Rodolfo Castillo)

 

Lo anterior es evidencia de que las comunidades indígenas no solo quieren tener una mayor participación en la administración o cogestión del área protegida, sino también lograr una especie de reivindicación por tratarse de tierras que tradicionalmente le han pertenecido a la etnia Pemón y que por lo tanto tienen derecho a decidir sobre su destino. Sin embargo, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela también da especial importancia a la protección de los parques nacionales.

 

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