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La Gran Sabana está habitado por indígenas de la etnia Pemón (foto © Rodolfo Castillo)

 

Desde hace al menos tres siglos el área actual del Parque Nacional Canaima es un territorio habitado por la etnia indígena Pemón, pueblo Caribe que también se extiende en otras áreas adyacentes llegando hasta Brasil y Guyana. Pemón quiere decir "gente" y es así como los indígenas de la zona se autodenominan. Ellos reconocen la existencia de tres sub-grupos en su cultura, que son Kamaracoto, Taurepán y Arekuna, siendo éste último sub-grupo el que habita la Gran Sabana (Huber y Febres 2000).

 

Durante el período colonial toda la Región de Guayana era un lugar codiciado por personas que estaban en la búsqueda de la mítica ciudad de "El Dorado", por lo que algunos exploradores y aventureros realizaron incursiones en la región. No obstante, las zonas de las tierras altas, incluida la Gran Sabana, estaban parcialmente aisladas debido a su geografía, teniendo prácticamente como única influencia externa sus relaciones con las misiones capuchinas del Orinoco establecidas a finales del siglo XVIII, las cuales desaparecieron a comienzos del siglo XIX. Posteriormente algunos exploradores realizaron reportes más extensos sobre la zona, como Robert Schomburgk, quien recorrió extensamente la zona entre 1833 y 1844, dando inicio a las exploraciones científicas en la Gran Sabana. En los años siguientes, numerosos exploradores y naturalistas de origen extranjero también recorrieron la zona, y sus relatos sirvieron de inspiración a Sir Arthur Conan Doyle para escribir su novela "El Mundo Perdido" (Huber y Febres 2000, Michelangeli s/f).

 

En la década de 1910 comienzan a llegar a la Gran Sabana inmigrantes ilegales y misioneros adventistas provenientes de la Guayana Británica, que después fueron expulsados del territorio por el gobierno venezolano, en una gestión liderizada por el Conde Antonio Gastón Cattaneo Quirin, italiano nacionalizado venezolano quien fue Inspector General de las Fronteras Orientales y Meridionales del Estado Bolívar y además fundó el pueblo de Santa Elena de Uairén junto con Lucas Fernández. Para 1922 el gobierno de Venezuela decidió firmar un convenio con la Orden Capuchina para evangelizar los territorios al sur del Estado Bolívar y luego de manera conjunta decidieron establecer varios centros misioneros en la Gran Sabana. En 1931 se estableció el primero de ellos en Akurimá (hoy Santa Elena de Uairén), y para 1933 se estableció el segundo en Luepa, que fue trasladado a Kavanayén en 1943, año en el que comienza un proceso de concentración de la población indígena en este valle (Huber y Febres 2000).

 

Muchas de las actuales comunidades indígenas se establecieron o fundaron durante el siglo XX. En el caso de Paraitepui, los primeros pobladores llegaron alrededor de 1930 y las primeras construcciones de Kumarakapai, un asentamiento adventista Pemón, comenzaron en la década de 1950, cerca del antiguo paso de chalana del Río Yuruaní. Esta comunidad ha crecido de una manera constante en los últimos años debido al incremento de la actividad turística. La comunidad de San Ignacio de Yuruaní tiene un origen distinto, fue establecido cerca de 1970 para asentar un grupo de indígenas patamona refugiados provenientes de Guyana, y sus actividades principales están relacionadas con el centro de operaciones de CVG-Edelca, instalado para la construcción de una microcentral eléctrica y el mantenimiento de una brigada de bomberos. Otras comunidades importantes son Iboribó (Liwo-riwó), San Rafael de Kamoirán y Uroy-Uaray (Huber y Febres 2000).

 

De acuerdo a los datos del censo indígena del año 1992 (OCEI 1994), dentro del Parque Nacional Canaima (ambos sectores) habitaban 8.094 indígenas de la etnia Pemón. Aunque no se dispone de las cifras definitivas del censo del año 2002, se estima actualmente una población de 11.836 habitantes, distribuidos en un patrón de asentamiento cuya tendencia es agruparse en comunidades de hasta 300 habitantes (Medina 2004).

 

Originalmente los Pemón tenían un patrón de ocupación muy distinto, caracterizado por pequeñas comunidades de alrededor de siete casas, que se distribuían preferentemente en las sabanas, pero cerca del borde de selva y de pequeños cursos de agua. En el siglo XX este patrón de asentamiento se ha modificado debido a cambios en su propia dinámica social, así como a la acción de las misiones, que ha concentrado a la población en ciertas zonas como el valle de Kavanayén, donde la población actual supera los 300 habitantes (Huber y Febres 2000, CVG - Edelca 2004a).

 

La carretera Tumeremo - El Dorado - Santa Elena de Uairén, también conocida como Troncal 10, cruza la Gran Sabana de norte a sur y es la principal vía de acceso. Fue construida entre los años de 1965 y 1972 por el Servicio de Ingeniería Militar de las Fuerzas Armadas e inicialmente era de tierra. Entre 1985 y 1989 fue asfaltada, lo que permitió mejorar las comunicaciones de todo el sureste del Estado Bolívar y así facilitar el flujo de turistas. El aeropuerto nacional más cercano se encuentra fuera del parque en Santa Elena de Uairén, y dentro del Sector Oriental se encuentran pistas de aterrizaje en Luepa, Kavanayén, Wonkén y Kumarakapai, generalmente utilizadas para transporte de personal de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y por empresas aeronáuticas privadas que se dedican al transporte de turistas. Hacia el norte del área protegida las principales actividades económicas están relacionadas con la explotación forestal y minera en la Reserva Forestal de Imataca y otras zonas adyacentes, y hacia el sur, principalmente con la minería (Huber y Febres 2000, CVG - Edelca 2004a).

 

Existen 4 microcentrales hidroeléctricas construidas por CVG-Edelca que utilizan la energía hidráulica de pequeñas caídas de agua para generar electricidad, que permiten suministrar energía a las comunidades indígenas, muchas de las cuales se encuentran en sitios aislados de la cuenca del Río Caroní (CVG - Edelca 2004a).

 

Entre los años 1997 y 2000 se realizó la construcción de un tendido eléctrico de 200 KW destinado a proveer de energía a Brasil, el cual suscitó numerosas polémicas y oposición por parte de las comunidades indígenas Pemón y de los grupos ambientalistas agrupados en la denominada "coalición contra el tendido eléctrico." A pesar de las fuertes críticas y manifestaciones en su contra, finalmente se impuso la construcción de dicha obra con el consecuente daño sobre el espectacular paisaje de la Gran Sabana.

 

Turismo

 

El turismo comenzó a ser una actividad de mayor importancia en la Gran Sabana a partir del año 1989, cuando culminó el asfaltado de la carretera Troncal 10 hasta Santa Elena de Uairén. A lo largo de este eje carretero se encuentran diversos atractivos turísticos que son muy frecuentados por los visitantes en las temporadas vacacionales. Algunos de ellos son: La Piedra de la Virgen, Salto El Danto, Monumento al Soldado Pionero, Centro de Visitantes de Inparques, Rápidos de Kamoirán, Salto Kamá (Kamá-merú), Mirador de El Oso (donde se aprecia la Cadena de Tepuyes Orientales), Quebrada Arapán-merú (Pacheco), Suruape y Kako-parú (Quebrada de Jaspe) (Huber y Febres 2000).

 

Esta carretera posee dos ramales, el primero de ellos se encuentra en Luepa y va en dirección hacia Kavanayén, y los principales atractivos son: Salto Torón (Torón-merú), Salto Aponwao (Chinak-merú) y el edificio de la misión capuchina de Kavanayén. El segundo ramal de la carretera se encuentra en Kumarakapai y se dirige hacia Paraitepui de Roraima, una vía que se caracteriza por tener un paisaje de altiplanicie ondulada con un predominio de sabanas abiertas dominado por las imponentes montañas de Roraima y Kukenán.

 

Desde el puesto de guardaparques de la comunidad de Paraitepui, salen las excursiones que tienen como meta ascender al Cerro Roraima (2.810 m), único tepui en donde se permite la presencia de visitantes. Este tepui es visitado anualmente por unas 3.000 personas (Pérez 2003) y la mayor afluencia se presenta en los meses de agosto y diciembre, así como en la Semana Santa. Para Roraima se ha definido una capacidad de carga de 50 personas, con lo cual se busca minimizar el impacto de los excursionistas. Actualmente no existe una tarifa de entrada para los visitantes, pero si es obligatoria la contratación de guías para ascender al tepui, servicio que generalmente es prestado por indígenas de la etnia Pemón.

 

El resto de las áreas recreativas es frecuentado por otro tipo de visitante que prefiere la actividad de contemplación del paisaje, que viaja en su vehículo particular y visita los atractivos ubicados cerca de la carretera, pernoctando por lo general en algunos de los alojamientos disponibles o permaneciendo en las áreas para acampar. Los meses de mayor afluencia de visitantes también son Agosto, Diciembre y la Semana Santa. De estas áreas recreativas la más frecuentada por los visitantes es la Quebrada de Jaspe (Kako-parú), en cuyo lecho hay un afloramiento de rocas de jaspe de origen volcánico, que suelen despertar la codicia de quienes la observan. Existe un puesto de guardaparques en el cual se lleva un registro de los visitantes, que en Semana Santa llega a sumar más de 3.000 personas. Al igual que en todo el Sector Oriental, actualmente no se está cobrando una tarifa de entrada.

 

                
Los grupos de visitantes frecuentan las áreas recreativas cercanas a la carretera (foto © Rodolfo Castillo)

 

Recientemente se realizaron unas obras de reacondicionamiento en el área recreativa de Quebrada de Jaspe, que estuvieron a cargo de CVG - Edelca, la empresa responsable de la construcción del tendido eléctrico que atraviesa la Gran Sabana y el Parque Nacional Canaima. Esta misma empresa también reacondicionó el área recreativa de Suruape (Saro-wapo) y el mirador de El Oso, lugar donde se puede apreciar la Cadena de Tepuyes Orientales sin la interrupción visual y paisajística del mencionado tendido eléctrico.

 

Existen facilidades de alojamiento dentro del parque, como el Campamento Turístico Chivatón, el Campamento Mantopai y la Misión de Kavanayén, ubicados en la vía hacia Kavanayén. En la carretera Troncal 10 se puede encontrar hospedaje en Kama-merú y en los Rápidos de Kamoirán, donde también hay una estación de servicio. Existen otras más, incluyendo las opciones que ofrecen los mismos habitantes de las comunidades indígenas.

 

Diversas operadoras turísticas ofrecen variadas opciones de rutas y modalidades de turismo para los visitantes, entre ellas se encuentran Ruta Salvaje, Akanan Travel & Adventure, Backpacker Tour, Biotrek y Petoi Tours entre otras. Estas operadoras están registradas en el Instituto Nacional de Promoción y Capacitación Turística (Inatur) y en la Cámara de Turismo del Estado Bolívar, pero no están registradas en Inparques. Las aerolíneas Rutaca y Avior ofrecen vuelos regulares que llegan hasta Santa de Elena de Uairén, e incluso con otras empresas se pueden contratar vuelos que pueden llegar hasta alguna de las pistas de aterrizaje ubicadas dentro del parque.

 

Actualmente Inparques está coordinando las mesas de discusión para la elaboración de un Plan de Manejo Turístico para la Troncal 10, proceso en el cual están participando todos los actores relacionados con la actividad, incluyendo los distintos niveles de gobierno, empresas turísticas y comunidades indígenas. El objetivo es coordinar acciones para regular el desarrollo del turismo en armonía con los objetivos de conservación del parque, así como realizar un registro y certificación de las operadoras y guías turísticos que prestan sus servicios en el parque.

 

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